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rickysoy
24 September 2008 @ 05:34 pm

Libertad, diversión, alegría, vértigo, velocidad, nervios, amistad, compañerismo... No existen las palabras suficientes, ni en todos los idiomas del mundo, capaces de expresar lo que viví el sábado 20 de septiembre de 2008. Una mañana perfecta, un cielo azul, tan azul que invitaba a fundirte con él, a dejarse abrazar. Una camaradería desde el primer momento, una conexión impensable en cualquier otro momento, en cualquier otro lugar. Los instructores, los cámaras, y nosotros, “los novatos”, como una pandilla de personas que se conocen desde siempre, aunque quizás lo que pasaba es que nos hemos estado esperando mutuamente desde hace tiempo. Y luego el vuelo, 15 minutos de diversión, bromas y risas. Hasta que llegó el momento de la verdad. El que he estado esperando, ahora lo sé, toda mi vida. El momento, fugaz, de ver mi cuerpo suspendido en la portezuela de la avioneta. Lo confieso, en ese momento, aunque sólo duró una décima de segundo, pensé “qué demonios estás haciendo aquí, colega?” Pero no duró más que eso. Luego, el impulso del instructor, y el vacío. La adrenalina, la diversión, el griterío desenfrenado y alocado, un grito de liberación, de descarga y, por qué no decirlo, de rabia contenida. Sentía que desde allá arriba el mundo me podía escuchar, que mi voz llegaría a todos los que estaban allá abajo, anclados a un suelo que muchas nos convierte en esclavos. 50 segundos de caída libre, sin ataduras de ningún tipo. A continuación, el paracaídas que se abre y me recuerda mi triste condición humana, que necesito de artilugios para cumplir mis sueños. La idea vaga de que aquí se acaba la diversión se disipa. A 2000 metros, la vida se contempla diferente. Cierro los ojos. Silencio. Sólo el viento me envuelve, me dejo llevar. En este momento me da igual lo que pase en el resto del mundo, deseo detener el tiempo, congelar este instante y vivir eternamente aquí arriba. Pienso en lo que me espera abajo. Problemas, malos rollos, la tiranía de los horarios, las etiquetas. Por primera vez en mucho tiempo oigo el verdadero silenco, el que me sirve para hablar conmigo mismo, y ordenar las cosas...
El sábado no fue simplemente superar un miedo. Fue una liberación, el descubrimiento de una parte de mi que vivía en la oscuridad. Ahora veo muchas cosas claras, sé lo que quiero. Gracias a Tony, a Juancar y a todos los de SkydiveLillo por hacer este sueño realidad. Gracias a Javier, Isidro y Fernando, por compartir risas, nervios e ilusiones a partes iguales. Un grupo maravilloso para un salto maravilloso. Y especialmente, a ti, piticli!! Por ser como eres, por estas locuras geniales que hacen que de verdad uno se sienta vivo. Ahora me doy cuenta de que he vivido una especie de coma vital antes de conoceros. Y gracias a Tomás, por aguantar nuestros nervios durante el viaje, hacer unas fotos cojonudas, y soportar nuestras “batallitas” durante el resto del día (y seguir soportando...) sin un mal comentario ni un mal gesto. Gracias de verdad por estar en mi vida!!!
 
 
rickysoy
07 December 2007 @ 03:07 pm
Hola!!.Esta es mi primera vez en esta pagina,asi que practico un poco,jeje.
 
 
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